Antes de que un niño sepa leer, ya puede saber quién es y a quién pertenece — en Fares empezamos por ahí.
Mientras el cuerpo, la mente y el lenguaje del niño están en su ventana de mayor plasticidad, Fares abre camino para que ellos forjen su identidad, exploren el mundo, construyan su fe e inicien su comunicación bilingüe. Esto, en un entorno campestre y seguro, donde aprenden jugando junto con sus maestras, que más que docentes acompañan como madres.
Para un niño de tres a cinco años: renovar la mente es descubrir que es amado antes de cualquier logro, que él hace parte del mundo; conectar con otros fuera de casa, es tener su primer amigo, su primera maestra; e impactar es compartir su juguete, dar un abrazo a quien llora — gestos pequeños donde ya se siembra la mentalidad de rey y el corazón de siervo.
Con un lugar y un propósito propios — antes de cualquier logro académico, ya sabe que es valioso y puede intentar cosas nuevas sin miedo a fallar.
Comparte, espera su turno y hace sus primeros amigos, con la maestra como segunda figura de confianza después de sus papás.
Comparte un juguete, ayuda a un compañero que llora, cuenta en la mesa familiar lo que aprendió. El impacto de un niño de preescolar se mide en gestos pequeños, y ahí empieza todo.
Por qué Preescolar en Fares
Espacios abiertos, aire libre y naturaleza como aula — el movimiento libre es parte del método, no el recreo entre clases.
Protocolos de seguridad y acompañamiento emocional constante, para que la primera experiencia escolar sea de confianza, no de ansiedad.
El inglés inicia en preescolar, en la ventana de edad de mayor naturalidad para adquirir una segunda lengua — no como materia, como inmersión.
Profesoras formadas para acompañar, no solo para enseñar; conocen a cada niño por nombre y por historia.
Devocionales, valores y una identidad de "hijos de Dios" que se siembran antes de que el niño pueda articularlos.
Reportes frecuentes y canales directos con la maestra, porque a esta edad el padre necesita saber cómo fue el día, no enterarse un mes después.










Lo que tu hijo va a desarrollar
Control de su cuerpo y su mano como base para escribir, correr, dibujar y cuidarse a sí mismo.
Vocabulario y oído en inglés que le dará ventaja real el resto de su vida escolar.
Nombrar lo que siente, reconocerse amado e importante — base de toda seguridad futura.
Compartir, esperar turno, resolver un desacuerdo con un compañero de cuatro años.
El asombro como punto de partida del aprendizaje, no la memorización.
Saber que Dios lo hizo, lo ama y tiene un propósito con su vida, en un lenguaje que puede sostener.
El desarrollo integral del niño, área por área — no solo materias tradicionales.
Cultivar emociones sanas, empatía y servicio reflejando el carácter de Jesús.
Despertar la curiosidad y el pensamiento crítico para descubrir el mundo que Dios creó.
Guiar a los niños a conocer a Jesús y vivir cimentados en principios y valores.
Formar niños que se expresen y escuchen con amor en español e inglés.
Desarrollar disciplina y motricidad cuidando el cuerpo.
Inspirar creatividad y sensibilidad artística como expresión de la belleza de Dios.
A los tres años, tu hijo aprende casi todo viviéndolo: un juguete compartido, un desayuno especial con papá y mamá, una tarde de campo le enseñan más que cualquier explicación. Por eso el Learning Experience es una categoría activa de nuestro modelo desde preescolar — la experiencia como su primer idioma.

Salidas y viajes educativos que sacan el aprendizaje del aula.

Convivencia y retos al aire libre.

Una noche bajo las estrellas, en conexión con la creación.

Una semana entera de proyectos y celebración.

Pequeños rituales de identidad y pertenencia.
Agenda una visita y conoce el campus, las maestras y el salón donde empieza todo.
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